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LA FORMACIÓN PROFESIONAL EN UNA ETAPA DE CRISIS ECONÓMICA

En julio de 2008 CCOO firmó la Declaración para el impulso de la economía, el empleo, la competitividad y el progreso social, base sobre la que tanto el Gobierno como los interlocutores sociales estamos desarrollando las distintas negociaciones que componen el actual diálogo social. Parte de esta Declaración se refiere a las políticas educativas, la formación y la inversión en capital humano. En este sentido, todos convinimos que “para contribuir a un nuevo modelo productivo basado en el conocimiento, es imprescindible contar con un mercado de trabajo más cualificado y superar las limitaciones que presenta la situación actual”.

Cuando firmamos aquella Declaración no pensábamos que la gravedad de la crisis económica sería tan severa. La velocidad e intensidad con la que han empeorado todos los indicadores económicos, laborales y sociales nos obliga a reaccionar con energía en todos los frentes posibles, pensando en medidas que puedan contribuir a corto plazo a afrontar la situación, pero sin olvidar que no cabe como opción el retorno a un modelo de crecimiento económico como el que hemos vivido en España en los últimos años. Necesitamos impulsar el sector industrial, los servicios de valor añadido, la economía del conocimiento; en definitiva, cambiar el modelo de crecimiento. Esto implica que, junto a las medidas que a corto plazo puedan decidirse, tenemos que pensar a largo plazo, decidir entre todos hacia dónde queremos orientar nuestro modelo productivo, qué nuevos empleos deberíamos generar y, por tanto, qué nuevos requisitos de formación y cualificación aparecen en el horizonte.

La dualidad a la que nos enfrentamos en España, con un amplio número de personas que carecen de cualificación suficiente al tiempo que hay otro bloque de personas con estudios universitarios pero sin posibilidad de acceder a empleos adecuados a su nivel de titulación y a su campo de formación, y las previsiones europeas de que cada vez serán más necesarios empleos con niveles medios y altos de formación, deberían obligarnos a estudiar con detalle en España cuáles son las previsiones de evolución del empleo, cuáles son los cambios posibles y deseables, y prever, por tanto, las líneas de trabajo que deberíamos impulsar en el campo de la educación y la formación.

Liderazgo político y social, estabilidad normativa, recursos suficientes y capacidad de acuerdo son las bases imprescindibles hoy para reforzar nuestro sistema educativo y, de manera especial, la Formación Profesional. No estoy seguro de que estas condiciones se cumplan a día de hoy, pero en CCOO estamos dispuestos a contribuir a resolver los principales problemas que detectamos considerando la actual situación y mirando al futuro. Tanto a través de los cauces institucionales habituales como de la mesa de negociación que en la actualidad pretende la potenciación y mejora de la Formación Reglada y de la Formación Profesional para el Empleo. Una mesa de negociación sometida a las presiones a corto plazo derivadas de la actual situación de crisis, pero en la que estamos obligados a decidir a largo plazo.

Una primera reflexión que nos surge es si no hubiéramos estado en mejores condiciones de afrontar la situación de haberse desarrollado el Sistema Nacional de Cualificaciones y la Formación Profesional con la celeridad debida. Pendiente desde hace ya siete años, vivimos en un marco de excesiva provisionalidad, incertidumbre e inseguridad --por el lado de los responsables y gestores--, y de desconfianza --por el lado de los trabajadores, que nunca terminan de ver en la práctica aquello que tantas veces se les anuncia--. Necesitamos menos titulares y más decisiones para desarrollar el sistema. De no haber dilatado el completo desarrollo del sistema, hoy tendríamos mejores herramientas para afrontar una situación difícil que supone un verdadero reto para la Formación Profesional. En otras palabras, las medidas extraordinarias y urgentes tienen mejor encaje cuando las medidas ordinarias e importantes ya han sido puestas en marcha.

En CCOO entendemos que las prioridades del momento pasan por tres ejes: el fortalecimiento de la Formación Profesional del Sistema Educativo y de la Formación Profesional para el Empleo; la atención a las personas con mayores dificultades para encontrar un empleo o para mantenerse en él; y la mejora de la financiación del sistema de FP. En este marco, lo urgente a día de hoy sería desbloquear todo lo relacionado con la homologación y registro de centros de formación; la calidad de la oferta formativa; la elaboración coordinada de Títulos y Certificados de Profesionalidad y su aplicación en las ofertas formativas; el desarrollo de la formación en el ámbito productivo, incentivando y recompensando el esfuerzo de empresas y de sus trabajadores en la formación; y la aplicación consensuada del Decreto sobre evaluación, reconocimiento y acreditación de la experiencia laboral y otros aprendizajes no formales.

De manera más inmediata deberíamos considerar medidas que permitieran una mejor y más rápida recolocación de quienes pierden su puesto de trabajo, o una mejor adaptación en las empresas del tipo y niveles de cualificación de sus trabajadores cuando se pretende un cambio de producto, una mejora de su calidad, la internacionalización de la empresa, etc. Difundir el actual sistema de bonificaciones e incrementar las mismas en determinados casos, extender los permisos individuales de formación y flexibilizar el acceso a los mismos, dar prioridad a sectores en crisis o a determinados colectivos, son algunas de las cosas que pueden hacerse dentro de los límites establecidos en el año en curso, pero todos estamos obligados a pensar nuevas líneas de acción antes de cerrar las decisiones que afecten a 2010. Entonces ya sería demasiado tarde.

Fernando Puig-Samper Mulero

Secretario de Formación para el Empleo

Confederación Sindical de Comisiones Obreras

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